La democracia deliberativa valora sobre todo el
momento de las propuestas, el intercambio de argumentos y justificaciones para
avalarlas, el acuerdo entre las partes acerca de qué compromisos adquiere cada
una para llevar a cabo lo que le corresponde y actuar conjuntamente; mientras que
el defensor de la política agregativa incide sobre todo en la decisión final,
que normalmente se toma por votación.
Tal como indica Adela Cortina, potenciar la
deliberación en todos ellos permite hacerla creíble y mostrar con hechos que
ése debería ser el procedimiento habitual en la vida cotidiana para decidir con
justicia en cuestiones vitales que afectan a todos. Que debería convertirse en
costumbre el diálogo de quienes están dispuestos a argumentar y también a
dejarse convencer con argumentos, y lo otro, el recuento de votos sin auténtico
diálogo, debería ser lo excepcional, no digamos ya la imposición. Una
convicción semejante tendría que alcanzar poco a poco a las Cámaras y los
partidos, si el rótulo "democracia deliberativa" quiere significar
algo operativo en la vida política.
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